De la cancha de básquetbol a la cocina: venezolano abre restaurante en Lubbock
Pedro Montaño inaugura Raíces Latin Fusion en la calle 19, un espacio que conecta a la comunidad latina con los sabores de Venezuela
LUBBOCK, Texas (Telemundo Lubbock) — Pedro Montaño llegó a Estados Unidos en 2001 con una beca de básquetbol y un sueño deportivo. Más de dos décadas después, el exjugador venezolano inauguró Raíces Latin Fusion, un restaurante que celebra sus raíces y ofrece a la comunidad latina de Lubbock un pedazo de su país natal.
El restaurante, ubicado en 6201 19th Street, abrió sus puertas el 17 de abril con un menú que incluye arepas, empanadas venezolanas y colombianas, y platillos preparados con recetas familiares.
Un camino inesperado
Montaño nunca planeó quedarse en Estados Unidos. En diciembre de 2001, rechazó su primera beca universitaria porque no quería salir de Venezuela el 24 de diciembre, una fecha sagrada para las reuniones familiares.
“Digo yo imposible que salga de mi casa un 24 de diciembre, simplemente porque ahí es donde está la familia reunida”, dijo Montaño.
Perdió esa oportunidad, pero su entrenador le consiguió otra beca en Waynesboro, Virginia. A los 16 años, Montaño salió de su ciudad natal, San José de Guanipa, conocida como El Tigrito, sin saber inglés.
“Las personas me hablaban y no les entendía nada y lo que hacía era sonreírles”, recordó Montaño.
Una familia de Virginia, los Woody, lo acogió durante un verano y le enseñó inglés con libros infantiles. Montaño terminó su educación secundaria en un colegio militar, jugó básquetbol universitario en Wayland Baptist en Plainview y obtuvo una maestría en administración.
Durante los veranos regresaba a Venezuela para entrenar con Cocodrilos de Caracas, un equipo profesional que le había ofrecido una beca. Jugó su última temporada en 2012.
“Ya mi cuerpo no podía dar más de mí”, dijo Montaño.
El nacimiento de Raíces
Montaño se mudó a Lubbock en 2009 y trabajó en Wells Fargo hasta el año pasado. La idea de abrir un restaurante la tuvo durante años, pero su hermana mayor, Idelis Montaño, quien había tenido un negocio en Venezuela, no quería repetir la experiencia.
“Ella todavía no quería tener ese tipo de negocio porque es muy demandante”, explicó Montaño.
Hace año y medio, Idelis regresó a Lubbock desde Midland y aceptó embarcarse en el proyecto. Una noche, el cuñado de Montaño, John Edward, le mencionó un local disponible en la calle 19.
Al día siguiente, Montaño visitó el espacio, contactó a la dueña y descubrió que era un excolega de Wells Fargo. En ocho minutos, el esposo de la dueña llegó al lugar y firmaron el contrato de arrendamiento.
“Me sentí contento, me sentí a gusto y cuando vi el lugar dije, esto es lo que necesito”, dijo Montaño.
La renovación del local tomó más tiempo del esperado debido a permisos y otros obstáculos, pero Montaño y su familia perseveraron.
Sabores que transportan
El nombre Raíces surgió de una conversación con su hermano mayor, Winder. Montaño quería algo que lo conectara con Venezuela.
“A pesar que estamos en los Estados Unidos, nuestras raíces son venezolanas”, dijo Montaño.
El logo del restaurante incluye siete estrellas, que representan las estrellas originales de la bandera venezolana y los siete hermanos de la familia Montaño. También aparece el araguaney, el árbol nacional de Venezuela.
El menú ofrece arepas y empanadas preparadas por sus hermanas y su madre con recetas tradicionales. Montaño dijo que clientes venezolanos y colombianos le han dicho que la comida los transporta a sus países.
“Pedro llego y a probar la comida me traslada a Venezuela”, le dijo un cliente.
Daniel Badillo, dueño del restaurante Mano Negra en Lubbock, visitó Raíces y le ofreció su apoyo.
“Pedro lo has hecho muy bien, cualquiera cosita que necesites me avisa”, le dijo Daniel a Montaño.
Un espacio acogedor
El restaurante es pequeño, una decisión intencional de Montaño. Creció en una casa modesta en Venezuela donde toda la familia vivía junta.
“Siempre que he tenido algo chiquito, acogedor, es como para mantener a las personas más cercas”, dijo Montaño. “Quiero escuchar a las personas hablar, conversar, quiero que todo el mundo esté como unido en un lugar que sea, a pesar de que sea chiquito pero que sea hermoso”.
Montaño reconoció el dolor de ver a Venezuela atravesar crisis políticas y económicas que obligaron a millones a emigrar. Salió del país cuando era adolescente y no ha regresado.
“El ver que nuestro país se esté destruyendo es muy doloroso”, dijo Montaño. “Algún día quiero regresar a casa y ver la naturaleza y ver todas esas cosas lindas que Venezuela tiene para proveer”.
Por ahora, Montaño se enfoca en crear un espacio donde los latinos en Lubbock puedan sentirse en casa.
“Es un sueño que yo he tenido desde hace mucho tiempo de comenzar algo así, algo lindo, algo donde la gente se sienta muy acogedora”, dijo Montaño.
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