Caravana migrante debe andar, México desoye pedido de buses

Caravana migrante debe andar, México desoye pedido de buses

Caravana migrante debe andar, México desoye pedido de buses

MATÍAS ROMERO, México (AP) — Miles de migrantes centroamericanos reanudaron el jueves su lenta marcha a través del sur de México luego de que las autoridades desoyeran su pedido de buses para llegar a la Ciudad de México. La caravana se dirige a la costa del Golfo, un camino más corto hacia la frontera con Texas.

Al llegar la noche, entre quejas, malos olores y un evidente agotamiento, los migrantes hondureños se disponían a descansar después de un día en el que caminaron y viajaron unos 65 kilómetros entre los poblados de Juchitán y Matías Romero, en Oaxaca.

El lugar a donde los organizadores y miembros de la Comisión de Derechos Humanos dispusieron que descansaran fue blanco de quejas, pues está ubicado a la par del rastro municipal, lo que genera una fuerte pestilencia. Aunado a esto, los migrantes se quejaron de culebras en el lugar rodeado de maleza. Por ello, algunos optaron por ocupar un hotel de dos niveles que se dañó durante el terremoto de septiembre de 2017 y se encuentra abandonado.

El grupo inició su caminata en la madrugada tras tomarse un día de descanso en Juchitán, Oaxaca.

Pasado el mediodía llegaron hasta el municipio de Matías Romero, en ruta a Veracruz. Cansados, agobiados por el fuerte calor y la falta de agua y muchos enfermos, sobre todo los niños, los migrantes comenzaron a instalarse al llegar, como han hecho en otras paradas de su recorrido, en uno de los parques de la localidad.

El miércoles por la noche quedó claro que las autoridades mexicanas no habían accedido a la demanda de la caravana de enviar docenas de autobuses para trasladar a unos 4.000 integrantes a la capital del país.

Por la mañana Darwin Villeda, de 25 años, esperaba que alguien le diera un aventón hasta Matías Romero. Se mostró animado tras haber descansado un día pero necesitaba hacer parte del trayecto en algún vehículo porque, explicó, tenía los pies ampollados. Dijo a The Associated Press que se unió a la caravana para huir de la violencia. “Si no te metes a la pandilla te matan, ellos quieren que uno ande delinquiendo con ellos, sino te morís”, dijo.

En Washington la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, elogió el miércoles a México por impedir que los migrantes consiguieran un transporte.

“México ha salido al frente de una manera sin precedentes”, comentó Sanders al canal Fox News. “Ha ayudado a impedir el acceso a muchos medios de transporte para estas personas de las caravanas, obligándolos a caminar. Nos han ayudado en nuevas formas para frenar esto, acabarlo y evitar que avance tan agresivamente hacia Estados Unidos”.

Sin embargo, el gobierno mexicano ha tenido una postura contradictoria, lo que refleja un intento de mantener cierto equilibrio: las autoridades no quieren irritar al presidente Donald Trump, pero los mexicanos han sufrido malos tratos cuando migran.

Durante la primera semana la policía federal mexicana implementó medidas de seguridad poco claras, como cuando obligó a los migrantes a bajarse de camiones por la normativa de seguros. También detuvo camionetas que trasladaban migrantes y los forzó a bajarse.

En los últimos días los funcionarios de la agencia de protección de migrantes en México han organizado viajes en vehículos particulares para las mujeres y niños de la caravana como parte de labores humanitarias y la policía no ha tomado medidas cuando ha observado camiones repletos de migrantes.

El jueves la policía controlaba que ningún vehículo llevara migrantes en una ubicación que pudiera poner en riesgo su vida.

“Abajo, abajo”, le gritaba el policía federal Benjamín Grajeda a un grupo de migrantes que iban colgados de un camión. “Si van adentro sí pueden ir, pero afuera no”, les advirtió tras pedir que les dieran prioridad a las mujeres y niños.

Un segundo grupo de unos 1.000 migrantes que ingresaron a México el lunes está a unos 320 kilómetros más atrás, un tercer contingente de salvadoreños llegó a Guatemala y un cuarto con unos 700 integrantes partió de San Salvador el miércoles. En total, los cuatro grupos representan el flujo promedio de los migrantes que llegan a Estados Unidos.

Las caravanas se han registrado de forma regular en los últimos años y generalmente pasaban desapercibidas, pero Trump puso la atención sobre ellas para hacer de la seguridad fronteriza un tema clave a pocos días de las elecciones legislativas en Estados Unidos.

El Pentágono anunció que desplegará a 5.200 soldados en la frontera suroeste, pero la ley federal restringe a los militares de participar en labores policiales en territorio estadounidense, por lo que su papel podría estar limitado a proporcionar apoyo aéreo para las misiones fronterizas, colocar barreras de concreto y dar mantenimiento a vehículos. Trump anunció el miércoles que ese destacamento podría llegar hasta los 15.000 soldados.

Desgastados tras recorrer cientos de kilómetros, muchos migrantes tiraron la toalla y regresaron a sus países o solicitaron protección en México.

El primer grupo se ha reducido significativamente desde los más de 7.000 migrantes que registró en su apogeo. Otra caravana que llegó a la frontera de Estados Unidos en San Diego hace unos meses estaba conformada por apenas 200 personas.

El secretario de Gobernación de México, Alfonso Navarrete Prida, dijo que unos 2.300 migrantes han solicitado quedarse en México al amparo de un plan del gobierno y que cientos más han aceptado la repatriación asistida.

El miércoles una mujer guatemalteca dio a luz a la primera bebé de la caravana en un hospital de Juchitán. La Comisión Nacional de Derechos Humanos de México dijo que organizó la atención médica para la madre, que estaba embarazada de 28 semanas, y que la niña goza de buena salud.

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El periodista de The Associated Press Peter Orsi en la Ciudad de México contribuyó a este despacho.

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